Caldas de Reis no es solo un destino de descanso: es un libro abierto de Historia. Desde los ingenieros del Imperio Romano hasta los peregrinos jacobeos que hoy continúan su camino, esta tierra ha sido cruce de culturas, testigo de guerras y refugio de viajeros. Te invitamos a pasear por sus monumentos más emblemáticos y descubrir las historias que duermen bajo las piedras de sus puentes y en el vapor de sus aguas termales.
En el corazón de Caldas de Reis, sobre las aguas tranquilas del río Bermaña, se alza uno de los puentes de sillería más notables de Galicia. Tres arcos de medio punto, perfectamente trazados, soportan el paso del tiempo y de los miles de peregrinos que, año tras año, recorren el Camino Portugués hacia Santiago de Compostela.
Antes de convertirse en hito jacobeo, este puente formó parte de un antiguo camino militar romano, la Vía XIX, que atravesaba Aquis Celenis, antigua denominación romana de Caldas de Reis referida a la tribu celta-galaica que habitaba la zona del valle del Ulla en la provincia de Pontevedra, conocida como los Celenos.
Sus sillares guardan la memoria de legionarios, comerciantes y viajeros de otro tiempo. Los tragamares de forma triangular son un ingenio constructivo que los romanos perfeccionaron a lo largo de su Imperio.
En su centro destaca un petril de piedra y un crucero de época posterior —posiblemente del siglo XVII—, cuando el puente fue reparado y embellecido al gusto de la época barroca gallega.
A apenas dos kilómetros de Caldas de Reis, en el lugar de Segade, un único y perfecto arco de sillería romana salva las aguas del río.
El Puente Romano de A Baxe, del siglo I, formaba parte de la vía interior que unía Tui con Caldas: una arteria vital del Imperio que aún hoy puede rastrearse en los tramos de calzada romana visibles junto al camino.
El paso de los siglos lo llevó a una profunda remodelación en 1729, obra del párroco de la localidad. El crucero que acompañaba al puente, hoy en el atrio de la iglesia de San Andrés, sigue siendo testigo silencioso de aquella transformación.
Los restos de la vía romana son perfectamente visibles en la carretera que lleva al lugar, ofreciendo al visitante una ventana directa al ingenio de los
constructores imperiales.

La larga tradición balnearia de esta villa arranca en época romana, cuando los legionarios descubrieron las propiedades curativas de sus manantiales y convirtieron Aquis Celenis en lugar de reposo y sanación.

La Fuente de As Burgas, inaugurada en 1881, pertenece a la tipología de las «fontes de cano»: dos caños ornamentados con cabezas de León que dirigen el agua termal a presión desde el manantial. Su recinto neoclásico le confiere una elegancia que invita al paseo y a la contemplación.
Las aguas termales de Caldas de Reis son sulfuradas, cloruro-sódicas y bicarbonatadas, brotando a altas temperaturas (hasta 43°C). Destacan por sus propiedades antiinflamatorias, analgésicas y relajantes, ideales para tratar afecciones reumáticas, respiratorias y dermatológicas (eccemas, psoriasis), además de aliviar la fatiga muscular, siendo perfectas para el Camino de Santiago.
A pocos pasos se conserva el lavadero público, abastecido del mismo manantial de agua caliente: testimonio cotidiano de cómo la historia termal de Caldas sigue siendo historia viva.
Alojarte en Casal dos Celenis es apostar por una experiencia auténtica en Galicia: historia, naturaleza, gastronomía y descanso en un mismo lugar.
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